Press "Enter" to skip to content

La casa ajena, la bronca propia

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, eligió un flanco inesperado: reprochó a Ucrania por un presunto ataque con drones contra la residencia de Vladimir Putin en Valdai. “No es el momento adecuado”, sentenció tras una llamada con el Kremlin, como si la guerra admitiera horarios de oficina.

Moscú, vía Sergei Lavrov, afirmó haber derribado 91 drones de largo alcance sobre la zona de Novgorod y avisó que su postura en las conversaciones “será revisada”. Pruebas, por ahora, ninguna; advertencias, todas. El guion es conocido: denuncia rimbombante, tono de ultimátum y promesa de “respuesta”.

Desde Kiev, Volodymyr Zelensky descartó la historia como “otra ronda de mentiras” diseñada para justificar nuevos ataques y sabotear la mesa. Señaló además las contradicciones del propio Ministerio de Defensa ruso, que habló de cifras menores y zonas distintas. Cuando los números no cierran, el relato hace equilibrio.

Trump, sin embargo, no se detuvo en los detalles. Dijo estar “muy enojado” por la idea de “atacar la casa” de Putin y sugirió que esa línea no debe cruzarse. El problema es que, en una guerra total, la distinción entre “casa” y “frente” la define quien controla el micrófono.

El Kremlin agregó un condimento clásico: una “influencia británica” en el supuesto ataque. La acusación flotó sin sustento, pero alcanzó para agitar fantasmas y marcar enemigos. En paralelo, funcionarios rusos deslizaron que tropas europeas en la Ucrania de posguerra serían “objetivos legítimos”. La diplomacia, a los empujones.

La escena se vuelve más incómoda por el timing. Horas antes, Trump había recibido a Zelensky en Mar-a-Lago y habló de garantías de seguridad “decididas en un 95%”. El optimismo duró lo que tarda un comunicado en cruzar el Atlántico.

Sobre la mesa siguen los nudos duros: el Donbás, Zaporizhia y la arquitectura de garantías a largo plazo. Kiev pide décadas; Washington sugiere reparto de cargas con Europa; Moscú exige decisiones “sin demora”. Todos negocian, nadie cede, y cada palabra pública corre el riesgo de incendiar lo que se intenta enfriar en privado.

Si la acusación fuera cierta, sería un hito; si no lo es, un clásico. En ambos casos, la consecuencia es la misma: la paz queda rehén de versiones que se contradicen y de liderazgos que reaccionan antes de verificar. Entre drones imaginados y casas ajenas, la guerra vuelve a encontrar cómo colarse por la puerta principal.

✍️ ©️2025  Cronista del Viejo Mapa – All Rights Reserved


©️2025 Guzzo Photos & Graphic Publications – All Rights Reserved – Copyright ©️ 2025 SalaStampa.eu, world press service – Guzzo Photos & Graphic Publications – Registro Editori e Stampatori n. 1441 Turin, Italy