Press "Enter" to skip to content

Vacaciones en Roma… con embotellamiento incluido

Original Illustration © 2026 Guzzo Photos & Graphic Publications
All rights reserved

Roma siempre ha sabido venderse con elegancia. Un poco de Coliseo, dos monedas en la Fontana de Trevi, una fotografía en San Pedro y, si la imaginación ayuda, Audrey Hepburn abrazada a Gregory Peck sobre una Vespa. El problema comienza cuando la fantasía cinematográfica se convierte en actividad comercial y medio centenar de turistas decide representar la misma película, a la misma hora y por la misma calle.

La nueva estrella de las vacaciones romanas es el Fiat 500 descapotable: pequeño, colorido, simpático y tan italiano como discutir en un semáforo. Avanza en caravana, transporta turistas sonrientes y, de tanto en tanto, se detiene para que su venerable motor respire, mientras los pasajeros se hacen una fotografía convencidos de estar viviendo una escena irrepetible. Irrepetible para ellos, naturalmente; el romano acaba de verla pasar siete veces durante la mañana.

Los recorridos entusiasman a los visitantes, pero hacen hervir la sangre de taxistas y funcionarios municipales. Los convoyes siguen prácticamente el mismo itinerario y se detienen ante los mismos monumentos: Coliseo, Fontana de Trevi, San Pedro y Janículo. Roma ya tenía tráfico, bocinazos, autobuses y motocicletas suficientes. Sólo le faltaba agregar una procesión de quinientos descapotables para alcanzar la perfección.

El resultado se parece cada vez más a Wacky Races, aquella caricatura de Hanna-Barbera en la que competían vehículos imposibles conducidos por personajes todavía más imposibles. En la versión romana no aparecen Pierre Nodoyuna ni Patán, pero hay Fiat antiguos, motocicletas con sidecar, carritos de golf y furgonetas negras con cristales tintados. Todo ello circulando por calles diseñadas cuando el principal problema vial consistía en esquivar una carreta.

El concejal de Transporte, Eugenio Patanè, calcula que por la ciudad circulan unos 350 carritos de golf, entre 50 y 100 Fiat 500 turísticos y alrededor de un centenar de motocicletas con sidecar. Los taxistas elevan la cuenta hasta el millar de vehículos. En Roma hasta las estadísticas se desplazan en caravana y encuentran dificultades para ponerse de acuerdo.

La irritación no nace solamente del atasco. Los taxistas denuncian que algunos conductores de los Fiat recogen pasajeros en la calle, algo reservado a los servicios autorizados. Según ellos, los competidores fingen limpiar el automóvil o controlar el aceite mientras esperan que se acerque algún turista. Una escena de extraordinaria inocencia mecánica: jamás tantos conductores revisaron con tanto entusiasmo motores que funcionan desde hace más de medio siglo.

Los responsables de los recorridos lo niegan. Aseguran que trabajan exclusivamente mediante reservas en línea, que la policía los controla y que ofrecen al visitante un auténtico icono italiano. No les falta razón: el Fiat 500 forma parte de la memoria sentimental del país. Pero entre ofrecer una experiencia y colonizar cada mirador con una escuadrilla multicolor existe una distancia que Roma parece recorrer en primera marcha.

La normativa tampoco ayuda a poner orden. Estos vehículos pueden circular si están vinculados a hoteles o agencias turísticas y, por su condición de automóviles antiguos e históricos, quedan exentos de algunas restricciones del centro. La paradoja es deliciosa: cuanto más viejo es el coche, mayores posibilidades tiene de atravesar una ciudad que intenta desesperadamente reducir el tráfico.

Mientras las autoridades estudian nuevas reglas, los ánimos comienzan a calentarse. Ya hubo enfrentamientos entre taxistas y conductores de carritos de golf. No sería extraño que el próximo atractivo turístico ofreciera una entrada combinada: paseo por el Coliseo, vuelta en Fiat 500 y discusión romana con gesticulación incluida.

Los visitantes, entretanto, están encantados. Dicen que un autobús puede ser hermoso, pero que viajar en aquellos pequeños automóviles resulta incomparable. Y quizá tengan razón. Roma continúa siendo una maravilla incluso atrapada en un atasco. Sólo conviene recordar que Vacaciones en Roma era una comedia romántica, no un documental sobre movilidad urbana.

🖋️ ©El Caballero del Volante | 2026 — All Rights Reserved


© 2026 SalaStampa.eu, world press service – All Rights Reserved – Guzzo Photos & Graphic Publications – Registro Editori e Stampatori n. 1441 Turin, Italy

5 views